Agencias

Dos hombres murieron, unas 60 personas resultaron heridas y las autoridades activaron una inusual alerta máxima por la llegada el sábado de un poderoso tifón a la capital japonesa, trayendo consigo la lluvia y los vientos más fuertes en 60 años.

Además, se aconsejó la evacuación de más de 6 millones de personas.

El tifón Hagibis, que significa ‘velocidad’ en el idioma filipino Tagalog, tocó tierra en Honshu, la isla principal de Japón, el sábado por la noche, desbordando algunas orillas de ríos y amenazaba con inundar Tokio con la marea alta.

La tormenta, que el gobierno había advertido que podría ser la más fuerte que ha golpeado Tokio desde 1958, trajo lluvias récord en muchas áreas, incluida la popular ciudad balneario Hakone, con una enorme lluvia de 939 milímetros en 24 horas.

La Agencia Meteorológica de Japón decretó el nivel de alerta más alto para 12 prefecturas, incluida Tokio.

“Es probable que ya haya daños por inundaciones y deslizamientos de tierra”, dijo un funcionario de la agencia en una conferencia de prensa transmitida por la emisora pública NHK.

“Es fundamental que las personas tomen medidas con urgencia para proteger sus vidas y las vidas de sus seres queridos”, añadió.

Muchas personas en Tokio y sus alrededores se refugiaron en instalaciones de evacuación temporal el sábado antes de que llegara lo peor.

Según el proveedor eléctrico Tokyo Electric Power Company (Tepco) hay más de 150 mil viviendas sin luz sólo en la capital.

El tifón se desplaza a 35 kilómetros en dirección norte-noreste tras tocar tierra en la península de Izu poco antes de las 19 horas, y se espera que a medianoche ya haya atravesado Tokio.

A primera hora del día, Hagibis ya causaba estragos en la vecina prefectura de Chiba, al este de la capital japonesa.

En la ciudad de Ichihara, la tormenta provocó la formación de un tornado que arrancó parte de los tejados de al menos diez viviendas y desplomó otra. Cinco personas resultaron heridas leves, entre ellas tres menores.

Yuka Ikemura, una maestra de guardería de 24 años, estaba en una de esas instalaciones en un centro comunitario en Edogawa en el este de Tokio con su hijo de tres años, su hija de ocho meses y un conejo, su mascota.

“Tengo niños pequeños que cuidar y vivimos en el primer piso de un departamento viejo”, dijo Ikemura.

“Trajimos con nosotros lo básico. Me da miedo pensar cuándo nos quedemos sin pañales y leche”, añadió.

El tifón, que arrastra rachas de viento de más de 210 kilómetros por hora, ha provocado la suspensión de casi todos los vuelos con salida o destino en el área de Tokio, Nagoya y Osaka, y el transporte ferroviario en el área capitalina fue totalmente suspendido de forma progresiva hasta el mediodía del domingo.

Con información de: Reuters y EFE